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| (Foto cortesía de Depropio) |
La rana de San Antón
Aquel verano sus padres tiraron la casa por la ventana. Un mes en Londres para aprender el idioma, que sin inglés no vas a ninguna parte, decía su madre. Después quince días en un campamento deportivo, que al niño se le da bien el balón y cualquier día nos retira, decía su padre. Y ambos coincidieron en que, al menos, debía pasar otras dos semanas en Madrid con la tía Angustias, que está muy bien relacionada y las niñas van a clase con la hija de una prima segunda de los Borbones.
Aquel verano sus padres tiraron la casa por la ventana. Un mes en Londres para aprender el idioma, que sin inglés no vas a ninguna parte, decía su madre. Después quince días en un campamento deportivo, que al niño se le da bien el balón y cualquier día nos retira, decía su padre. Y ambos coincidieron en que, al menos, debía pasar otras dos semanas en Madrid con la tía Angustias, que está muy bien relacionada y las niñas van a clase con la hija de una prima segunda de los Borbones.
Entre tantas idas y venidas, Mario pasó unos días en el
pueblo y, cuando volvió a clase, en su primera redacción, lo tuvo claro:
"Este verano he ido al río. Yo no sé cazar ranas pero
al Largo se le da muy bien y cogimos una de San Antón. Se la quedó él, pero le
puso mi nombre. El Largo sabe mucho de animales y de muchas cosas. Yo de mayor
seré veterinario y cuidaré sus vacas".
Mar González (Puck) Los jardines de Puck


